Tenía muchas posiciones y daba por hecho que estaba diversificado. Un solo ejercicio me demostró que no. Y como CEO acostumbrado a actuar, lo más difícil fue aprender a decidir en frío.
En el artículo anterior conté el método con el que empecé a revisar mi cartera en voz alta; ese mismo método me reveló algo incómodo: la diversificación que yo creía tener no era real.
Tenía muchas posiciones. Distintos sectores, distintas monedas. Me sentía diversificado: si una caía, las otras compensarían. Era la versión que me contaba a mí mismo, no la que mostraban los números.
Un día hice un ejercicio simple: simular un golpe fuerte sobre el sector con más peso de mi cartera y calcular cuánto se movía todo junto.
El resultado me incomodó. Varias posiciones que yo veía como independientes se movían en la misma dirección ante el mismo shock. Tenía riesgo concentrado que nunca había visto sumado, simplemente porque nunca lo había sumado.
Tener muchas posiciones no es estar diversificado. La diversificación real no se cuenta por número de nombres: se mide por la correlación entre ellos bajo un mismo escenario de estrés. Lo que no se mide, se supone. Y lo que se supone, sorprende.
Como CEO siempre tuve claro el costo de entrar. Me faltaba el de salir. Sin un precio de salida fijado de antemano, uno se queda esperando «un poco más» indefinidamente. Ese costo de oportunidad rara vez se contabiliza, pero se paga.
Acá volví a chocar con el reflejo del que hablé en el primer artículo: el CEO que, ante un problema, actúa ya. En la cartera, actuar en caliente casi siempre es decidir peor.
Así que invertí el orden. Escribo las reglas antes de necesitarlas: «si cae a tal nivel, refuerzo»; «si sube por encima de tal otro, vendo una parte»; «si tal métrica se deteriora dos trimestres seguidos, reviso la tesis». Cada regla atada a una fecha. El día que llega, no improviso: verifico si se cumplió la condición.
No se trata de predecir el golpe. Se trata de saber, antes de que llegue, qué voy a hacer cuando llegue. En el próximo artículo cuento la pieza que hizo todo esto sostenible en mi día a día: la IA como equipo de análisis.