El artículo anterior eligió Paraguay. Pero saber dónde no dice cómo. Hay tres formas de montar la operación. La que parece un simple trámite jurídico esconde la decisión que de verdad define si la planta funciona.
El Artículo 3 cerró con Paraguay como la opción de costo para servir toda la región desde una sola planta. La pregunta que sigue no es geográfica. Es de estructura: bajo qué figura legal y operativa se monta esa primera planta. Hay tres caminos. No son equivalentes ni en tiempo de arranque ni en capital comprometido.
La maquila es el contrato. Bajo la nueva Ley 7.547/2025 —vigente desde septiembre de 2025— la operación tributa Impuesto a la Renta Empresarial al 10% sobre la actividad exportadora, con exoneración de bienes de capital y de los impuestos nacionales sobre el contrato. El programa lo aprueban en conjunto el Ministerio de Industria y Comercio y el de Economía. Es la figura de menor carga fiscal. A cambio, está orientada a la exportación: la venta en el mercado interno paraguayo sí queda gravada.
La subsidiaria propia es la sociedad. Una S.A. o una S.R.L. se constituye en Paraguay en un rango de 15 a 45 días hábiles a través de la ventanilla única, el SUACE. El inversor extranjero puede ser dueño del 100% sin necesidad de residencia. Da control total y acceso pleno al mercado interno. El costo es la exposición: todo el capital de la planta es propio, y el tiempo a producción plena es el más largo si se parte de cero.
El joint venture con un fabricante local es el atajo operativo. Planta, proveedores y permisos ya existen. Es la vía más rápida a la primera producción y la que reparte el capital en riesgo. El precio es el control: las decisiones se comparten, y el margen también.
Aquí está lo que aprendí montando operaciones, no leyéndolo en un informe. La estructura legal la resuelve un buen abogado en seis semanas. El equipo que hace funcionar la planta, no.
He visto plantas perfectamente estructuradas que no arrancaban. El papel estaba impecable: contrato de maquila aprobado, bienes de capital exonerados, sociedad inscripta. Y la operación se frenaba porque el equipo local esperaba instrucciones de una central a 10.000 kilómetros para cada decisión. Una avería, un proveedor que falla, un despacho aduanero trabado: todo escalaba a Europa y volvía con días de retraso.
La operación funciona cuando hay gente con iniciativa en el sitio. Personas que resuelven sin pedir permiso para todo. Que entienden el negocio y no solo ejecutan la tarea. Ese perfil no aparece en ningún régimen fiscal ni en ningún estatuto social. Se busca, se selecciona y se forma. Y es la variable que más he visto separar las plantas que rinden de las que solo existen.
Cuatro artículos para una sola idea: Sudamérica dejó de ser una apuesta y pasó a ser una decisión de gestión. Primero el porqué ahora. Después el mapa real del mercado. Luego dónde producir. Y por último cómo montarlo.
La estructura legal es la parte fácil. Elegir entre maquila, subsidiaria y socio local es cuestión de objetivo, capital y horizonte. Lo difícil —y lo que decide el resultado— es poner en el sitio un equipo que decida. Eso no se constituye en el SUACE. Eso se construye.
Si estás evaluando montar una operación industrial en el Mercosur, la estructura es solo el primer paso. Hablemos del resto.
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